domingo, agosto 20, 2006

Matarilerilerile

Y desde el cielo nos llegó la noticia de que sus embarcaciones o se encontraban lejos. Fue entonces cuando Elderyn pidió que cesáramos nuestro avance pasa pasar a dar círculos y así esperar a sus pegasos que estaban descansando de su anterior batalla. Solo fueron dos días, pero vividos de forma tan intensa que nos pareció haber entrenado una eternidad. Cuando los pegasos llegaron nos creímos el ejercito más fuerte del mundo y esa sensación se fue incrementando conforme avanzábamos hacia nuestro enemigo,Pero cuando vimos sus gigantescos barcos nuestro optimismo pasó a buscar refugio en el fondo de mar.... matarilerilerile.

viernes, agosto 18, 2006

Pesadilla

Fijó su vista en mi y lentamente se aproximó. Permanecí quieto, con la infantil esperanza de que mi inactividad le hiciera desatenderse de mi, pero cuando llegó a apenas cinco metros de distancia se arrodillo para después acercar su cabeza hacia mi cuerpo. Solo esperaba que me engullera de un bocado, no podía soportar la imagen de esas mandíbulas partiendo mi cuerdo en pedazos.

Su ojo derecho quedó a un palmo de toda mi cara y con la voz más dulce que he escuchado en mi vida me dijo:
- ¿Dónde está el cofre? –

- No lo sé – Dije, y no era mentira; pero aunque lo hubiera sabido nunca se lo hubiera dicho ya que hubiera puesto en peligro la vida de mis compañeros.

- Te lo van a traer, ¿verdad? –
Mi silencio y mi congoja fueron tomados como respuesta afirmativa por lo que intenté retomar la iniciativa y torpemente repliqué:

- Mis compañeros han huido para salvar sus vidas. A estas alturas deben de estar a varios kilómetros de aquí, hacia las praderas –

- No puedes engañarme, hermano. Si, he dicho hermano. Ambos buscamos lo mismo, ambos pensamos lo mismo, ambos esperamos lo mismo, pero lo hacemos desde una perspectiva distinta. Tú, sueño, desde la tuya. Yo, pesadilla, desde la mia. Pero ambos miramos y mimamos lo mismo: Nuestro mundo. Mira esto – enseñándome una gran llave oxidada – Puedo salir de el cuando quiera y he salido ahora para proteger nuestro mundo, pero tampoco puedo permanecer aquí demasiado, acabaría devorándoos. Necesito el cofre para descansar y vosotros lo necesitáis para protegeros. Ya nos veremos cuando al otro hagáis volar por la inopia para ponerlo en su sitio acabando con alguno de vosotros, pero este no es ese momento, es momento de alejar a la realidad de nuestro mundo y cuando lo logréis y os multipliquéis por mil, yo volveré para poneros en vuestro sitio y después volveré a mi cofre ya sea voluntariamente ya sea a traves de un héroe de ensueño que cumpla la profecía del equilibrio, la quimérica misscrodinámica –

Y se sentó a esperar.

miércoles, agosto 16, 2006

Preso

Estaba llegando a las puertas de la ciudad con extremado cuidado de que los guardias no advirtieran mi presencia y lograr colarme en su interior al primer descuido de estos. Solo tuve que acechar unos minutos y este hecho se produjo, pero al cruzar las puertas solo pude ver un fogonazo de luz consecuencias del golpe que recibí y que precedió a la oscuridad.
No se donde estoy, ha de ser una celda, y junto a mi duerme alguien con cola de pájaro y cabeza de gato que lleva marcada a fuego en la piel la seña de los condenados, la misma que a mi me han puesto, pero sin juicio alguno.

lunes, agosto 14, 2006

Indiferencia

Apacible travesía la de los mares de la indiferencia en la que desde la cofia el viejo maestro Y nos entretenía con canciones de ahora y siempre mientras el ron daba vigor a eulios y calandrios. Como en viaje de placer nos sentíamos con la salvedad del conocimiento del fin de nuestra misión.
Las noticias de la victoria de Elderyn habían llegado a nuestra nave gracias a un soplido del siempre confidente sol, y todos albergábamos la esperanza de que embarcara con nosotros próximamente.
Ya eran dos semanas de viaje sin novedad alguna cuando Y divisó algo que se acercaba volando desde poniente y dio la voz de alarma.
Dos horas después el pegaso dejó a su jinete en nuestra nave y Elderyn se unió a nosotros para combatir.

viernes, agosto 11, 2006

Centauros

No respetaban ninguna regla de la caballería. Sus jinetes permanecían ocultos dentro de los vientres de metal de sus máquinas que rugientes escupían fuego hacia nosotros que, por más que pretendiéramos permanecer en grupo, no podíamos evitar separarnos los unos de los otros gradualmente.
Logramos atrapar a una de las bestias por su único brazo escupefuego y la alzamos hasta la verticalidad para luego dejarla desplomarse contra el suelo y así confirmar que no resultaban indestructibles. Repetimos la operación con otra de ellas para lograr el mismo efecto, y cuando nos dispusimos a atacar a una tercera, soldados de a pie se interpusieron en nuestro camino para protegerlas disparando sobre nosotros. Logramos destruirla no sin antes perder a dos de nuestros compañeros, pero no lo festejamos; todos sabíamos que nuestra derrota era materia de progresión aritmética y nuestra única opción era retrasarla.
Nuestra única opción, hasta que las trompetas de Ronin tocaron carga y sus centauros al galope atravesaron la piel acerada de las bestias con sus flechas y espadas condenando como poco a nuestros rivales a la derrota.

miércoles, agosto 09, 2006

Hermanos contra hermanos

Ninguno de nosotros pudo descansar lo suficiente para reponer fuerzas. A pesar de haber encontrado una cueva de entrada única, no bastaba con poner un vigilante en la entrada; ya que si este era reducido nuestro escondite sería nuestra sepultura.
Iniciamos la noche con una guardia de tres personas, pero cada poco tiempo los vigilantes daban la señal de alarma, quizá más llevados por los acontecimientos de la tarde anterior que por una amenaza real, pero esas continuas alertas no nos permitieron a ninguno de nosotros tener el descanso apropiado lo cual se pudo corroborar al amanecer, cuando pudimos vernos las caras cansadas y resentidas. Nos culpábamos los unos a los otros por haber realizado llamadas de alarma innecesarias, primero con reproches, luego con violencia, al final con muertes.
Pude ver como tres compañeros cayeron victimas de los nuestros y, al fondo, la cara del enemigo sonriendo, como si todo hubiera sido un juego de final conocido. Cuando nos percatamos de su presencia sustituyó la sonrisa por un gesto, y acto seguido los suyos cayeron sobre nosotros. No había escapatoria, solo cabía luchar hasta la muerte.
Y así fue.

lunes, agosto 07, 2006

¿Un poco de suerte?

No había más que esperar que nuestros enemigos se fueran destruyendo en su enfrentamiento mientras nosotros buscábamos la estrategia apropiada para acabar con cada uno de ellos. Mientras el devorador trataba de desviar los proyectiles que eran lanzados contra él, mis compañeros se pusieron manos a la obra en la tarea de encontrar el cofre que le había encerrado; mientras, yo, me dedique a sacar las piezas necesarias para construir un magnetrón que fui montando con paciencia.
Cuando llegó la hora del cuerpo a cuerpo la fantasía mostró su superioridad absoluta destrizando las máquinas mecánicas y liberando el desierto de las tropas de la realidad.
Pero me encontraba solo, mis compañeros no había llegado; y ellos debía de traer el cofre.
Y lo peor de todo era que el devorador me había visto.

jueves, agosto 03, 2006

De camino a la ciudad

¡Maldita sea esta lucha! ¡Maldita nuestra misión! No soporto sentir como mis hermanos van perdiendo su esencia sin poder hacer nada por ellos, salvo vengarles en pequeñas escaramuzas ocasionales contra soldados aislados que se interponen en mi camino hacia la ciudad del intramundo. Sus cabezas, separadas de sus cuerpos por la luz de mi espada, harán las veces de piedrecillas que marcaran mi camino de regreso. Porque sin duda volveré victorioso. Y bajo mi brazo llevaré la cabeza de la autoridad competente, siempre en minúscula. La vestirle con estrafalarios sombreros y la maquillaré de forma grotesca, cualquier ofensa será poca ante su soberbia.

Solo un día más y estaré en ella. Puedo ver como la gran mole de edificios se comienza a iluminar mientras va ganando terreno la noche, y cuando ella gobierne, mi espada será la muerte de esos uniformados de uniforme uniformidad preformada. Ningún imperativo real obstaculizará mi camino sin perder su vida en el intento, y aunque ninguna muerte sirva para nada, mejor la de ellos que las nuestras.

martes, agosto 01, 2006

3.141592 R K

No creo que perdiera el conocimiento durante demasiado tiempo, de otro modo hubiera sido capturado con facilidad. Volví a aferrarme a mi lanza y traté de ponerme en pie, pero el esfuerzo resultó casi inútil; mi pierna derecha estaba destrozada y para lograr mantener el equilibrio debía de utilizar mi arma en forma de muleta.
Varios de esos monstruos voladores escupidores de fuego metálico volaban en círculos sobre mi cabeza, como su fueran buitres a la espera de confirmar mi agonía para tratar de devorarme en vida. Una vez se hubieron organizado se lanzaron en picado para, al llegar a cierta altura, escupir su mortal acero explosivo; primero uno, luego otro, y otro, y otro.
Cerré los ojos esperando las sentir explosiones y el arder de mi cuerpo, pero las primeras no fueron continuadas por las segundas. Cuando devolví mi mirada al mundo no pude creer lo que veía.
Se les podía distinguir por sus arlequinados uniformes, como si fueras escaques de ajedrez o dameros vivientes. Empuñaban espadas de hielo capaces de cortar el cielo en pedazos y sus negras alas extendidas les daban un aspecto sobrecogedor.
Volví a caer exhausto, pero sin perder la conciencia, sumido en la oscuridad, entre explosiones, rugidos y gritos de batalla. Pude sentir algún cuerpo caliente caer a mi lado y lentamente enfriarse, al igual que mis fuerzas, y cuando la desesperación por mi impotencia me hizo perder la esperanza el silencio de los motores me hizo comprender que aquellos ishios venidos del amanecer habían completado mi tarea.
Así, de una vez pude morir en paz.

domingo, julio 30, 2006

Hambre

Tras varios días sin nada que comer alguno de nuestros compañeros se arriesgaron a alimentarse de hierba que aparentemente no estaba enferma, pero sus cuerpos acabaron por desvanecerse a las pocas horas de la ingesta, por lo cual resultaba evidente que necesitábamos tomas una decisión, puesto que permanecer donde estábamos supondría una condena a muerte sin haber ofrecido lucha alguna, pero tampoco estábamos preparados para luchar al apenas tener fuerzas suficientes para mantenernos en pie.
Tras deliberar decidimos partir hacia el norte, donde el pasto sería más fresco y quizá menos dañino y comenzar ese camino al atardecer ya que el calor haría menos merma en nuestras escasas energías.

Transcurrida algo más de una hora de camino nos vimos sorprendidos por dos truenos que abatieron a dos compañeros, un tercer estallido precedió a la muerte de un tercero y cuando logramos organizarnos para la defensa, el rugido de varios de esos infernales aparatos metálicos nos hizo comprender que nuestro fin había llegado.

jueves, julio 27, 2006

Contra el Devorador

Logramos esquivar si primera acometida por lo que, dado su tamaño, necesitaría reposar un largo periodo de tiempo.
Cualquier habitante del intramundo conoce al devorador, es uno de los seres que habitaron hace tiempo nuestras tierras y contra el que se tubo que entablar una larga batalla que acabó con ese ser encerrado en un cofre de vacio que con el bicho dentro pesaba tanto como las montañas que había engullido. Aquel pasado enfrentamiento tubo lugar en lo que antes fueron estas montañas, el devorador fue encerrado dentro del cofre en este mismo lugar, el cofre con el devorador por su peso era imposible de ser transportado luego el cofre debía de estar aquí. Solo había que encontrarlo, la cuestión era averiguar como se había abierto, o quien lo había abierto,
Una explicación plausible nos llegó cuando varios aparatos que se arrastraban como orugas metálicas se aproximaron a nosotros acompañados por el infernal ruido de su mecánica y por el estruendo de los cañones que apuntaban y disparaban hacia el gigantesco devorador.

martes, julio 25, 2006

El Valle de Thast

Hasta el día de nuestra entrada en el Valle de Thast no ocurrió nada especial, pero aquel día resultó el peor que hubiéramos vivido cualquiera de los veintiuno y para muchos fue el último.
Una vez llegamos al lugar donde teníamos pensado acampar nos dividimos en dos grupos, la mitad de nosotros se encargaría de las tareas de vigilancia y de montar el campamento y la otra mitad iría a relajarse a las fuentes termales para después hacernos el relevo. Una vez terminamos de montar el campamento y ante la tardanza de nuestros compañeros, nos acercamos a la laguna para pedirles que pasaran a ocupar sus funciones, pero no vimos allí nada, salvo algunas ropas flotando sobre el agua. Registramos los alrededores hasta que empezó a caer la noche y nada encontramos, por lo que decidimos que lo mejor era recoger sus cosas y reanudar la búsqueda la mañana siguiente.
Uno de nuestros camaradas se adentró en la laguna para recuperar algunas de las ropas y cantimploras que aun flotaban, ya que todo repuesto era poco en estas duras circunstancias, mientras nosotros hacíamos guardia por si cualquier peligro surgía de las profundidades. Pero todo sucedió con calma, con la misma calma con la que su cuerpo se iba desvaneciendo, mas bien licuando, hasta desaparecer del todo y mezclarse con el agua de la laguna.
Atónitos dimos la espalda al agua para tratar de organizarnos, sin ser conscientes de que la última noche había llegado

domingo, julio 23, 2006

Therium al ataque

Dispuesto a vengar la muerte de mi hermano, lanza de los vientos en ristre, azucé mi pegaso para que se abalanzará contra la máquina endiablada más cercana a nosotros. Una vez a su vera logré cercenar una de sus alas, tras lo cual el maléfico artilugio se precipito al suelo no sin antes escupir a su ocupante. Cuando me dispuse a aproximarme para tomarlo preso, el escorzo me mi montura me sirvió de aviso para apercibirme de que una segunda máquina se lanzada sobre mi. Me dispuse a abatirla, pero cuando estaba a medio centenar de metros de ella, esta lazó dos proyectiles metálicos en mi dirección. Traté de esquivarlos, pero parecían guiados por una extraña inteligencia que, sin apariencia de cansancio, le hacía seguir mis pasos uno a uno. No merecía la pena huir, había que enfrentarse con ellos, por lo que di media vuelta y me propuse enfrentarme en noble lid, pero ellos no pararon y a traición trataron de derrotarme. Yo, sabedor de que para el traidor no hay merecimiento de respetar nobles reglas, sin saludo previo atravesé no sin esfuerzo a ambos oponentes con mi lanza tras un hábil movimiento que me posibilitó hacerlo de un solo movimiento. Para mi sorpresa mi victoria parcial fue el inicio de mi derrota total. Un estallido me cegó quemando todo mi cuerpo. El pegaso planeo como pudo hacia el suelo para morir allí, y yo quede sumido en una brillante oscuridad.

jueves, julio 20, 2006

El devorador

Lo vi.
Lo vi cuando llegamos a aquellas colinas que en su tiempo fueron cordilleras.
Lo vi mientras pronunciaba a gritos su nombre después de golpear el vientre de la ladera.
Devorador.. Crack
Devorador.. Crack
Lo vi reír a carcajadas cuando la ladera se derrumbaba a sus pies y continuo riendo tras soplar con tudas sus fuerzas y desperdigas sus restos polvorientos por el Intramundo.
Lo vi cuando nos vio a los dieciséis y se lanzó contra nosotros.

sábado, julio 15, 2006

Darkyo en su barco

Cogí el barco pirata de juguete y coloque la bandera negra en lo alto del mástil, casi cubriendo la cofia de la nave, y comencé mi camino hacia el mar con el bajo el brazo. Por el camino, en cada aldea que se levantaba a mi paso, trataba de localizar al portador de esencia al cual nadie quería tener a su lado, tuertos, mancos, con los rostros desfigurados, enanos, gordos, tartamudos y cualquiera de apariencia pirata para pedirles formar parte de mi tripulación, lo cual casi todos aceptaron de buena gana.

Una vez en la playa deposité el barco sobre la arena y pedí a mis compañeros que embarcaran. Una vez todos ellos estaban a bordo cogí el barco y lo deposite sobre la superficie del mar para después meter el pie derecho en él, y una vez dentro mis compañeros me ayudaron a plantar el izquierdo en cubierta.

Los primeros día transcurrieron con calma, nos entrenábamos duramente y nos entreteníamos cantando nuestra canción “Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, de capitán Espronceda, de almirante Piolin”

... ambos se unieron a nosotros.

lunes, julio 10, 2006

Mala hierba

Mala idea la de tratar de defender nuestras fronteras con la realidad. Se trata de una causa perdida ya que es algo tan confuso, tan mezclado, tan variable y sobre todo tan permeable. Sobre todo esa permeabilidad es la que nos ha estado haciendo la misión casi imposible.

Escogimos comenzar por la frontera oeste ya que en aquellos lugares los bosques son más frondosos y ofrecen mejores cobijos, pero una vez en ellos algunos de los unicornios perdieron su cuerno convirtiéndose en caballos que asustados pasaron al otro lado, lo mismo le ocurrió a unos pocos pegasos, pero como ustedes imaginan ellos perdieron sus alas. Solo había dos alternativas averiguar la razón de estas conversiones o abandonar el oeste, dando esta frontera por perdida y dirigirnos hacia el sur, donde quizá todo nos fuera más propicio. Tras una reunión tomamos la mayoritaria decisión de permanecer en el bosque y encontrar la causa de esa metamorfosis, y como casi siempre en estos casos la explicación fue encontrada sin pretenderlo.
Hacíamos patrulla en una colina cercana cuando escuchamos un tronar mecánico cuyo estruendo se aproximaba. Nos ocultamos tras unas rocas y pudimos observar esas gigantescas masas oliváceas de brillo metálico deslizarse violentamente por el valle para desaparecer después de dos horas en el horizonte. Una vez quedamos fuera de su vista nos levantamos para examinar sus huellas, allí nos encontramos con una pareja de unicornios de nuestro grupo que se acercaron alertados por el ruido y que no pudieron evitar un gesto de decepción al escuchar nuestro relato y darse cuenta de que no podría ver esos artilugios hasta que volvieran a pasar, tras lo cual cayeron desplomados entre convulsiones al suelo, traté de ayudar inútilmente a uno de ellos que me susurraba algo al oído mientras su cuerno se desvanecía. Una vez hubo desaparecido el caballo y su acompañante cruzaron la frontera hacia el otro lado.

No debíamos comer nada que hubiera estado cerca de esos seres. Un simple contacto, aun no coincidiendo temporalmente, con algo que hubiera estado junto a ellos, afectaría a nuestra esencia. Por no hablar del efecto producido al comer la hierba que pisaban, y que pudimos observar esa tarde.

jueves, julio 06, 2006

Naves

Esos aparatos metálicos surcaban el cielo a una velocidad tan endiablada que ninguno de nuestros pegasos podría darlos alcance en su larga vida. De diseño agresivamente afilado cortaban los vientos sin ofrecer resistencia alguna mientras quebraban el sonido con su estruendo ensordecedor dejando tras de si esas heladas estelas que le costaron la vida a mi hermano. La verdad es que no resultaban especialmente peligrosos, se dedicaban exclusivamente a cruzar el firmamento de una punta a otra dejando tras de si esas ominosas estelas que, descubrí mas adelante, al deshacerse se precipitaban en forma de una especie de sustancia con la capacidad de disolver el contenido de las nubes, de ahí nuestras dificultades para encontrar un lugar apropiado para ocultarnos. Había que destruir esos aparatos uno a uno, y parecían ser millares, pero no había otra opción ya que esperar implicaba la posibilidad de perder la ultima nube y con ella toda esperanza de victoria. Monté en mi pegaso, lanza de los vientos en ristre y me dispuse a un feroz combate.

lunes, julio 03, 2006

Sin esencia

No pintan las cosas bien. Las raíces de Emulsyn se han podrido por lo que la esencia queda con imposible revitalización y no he podido hacer nada por la vida de Genethox. Para colmo el enemigo parece anticipar todos y cada uno de mis movimientos...
... y yo cada vez me encuentro mas débil. Llevo varios días abandonándome y me he dado cuenta de que me estoy disolviendo. El tiempo corre y me lleva por delante sin conducirme a lugar alguno.
Sin fuerzas no hay voluntad que pueda servir de soporte a la esperanza.
Es mi fin.

sábado, julio 01, 2006

Arena

No hay rastro alguno de vida, excepto las nuestras, sobre esta espesa capa de arena que dificulta cada uno de nuestros pasos. Llevamos caminando un par de días y todo es arena y polvo levantado por la brisa, polvo que hace el aire irrespirable, ahogador, estrangulador, como el calor que nos abrasa.
Me he equivocado. Pensé que atravesando el desierto rumbo a la montaña donde nacen todos los ríos podría hacer florecer la vida en nuestra tierra vertiendo el frasco de agua de ensueño, pero no hay rastro de río alguno, ni de montañas. Todo es una inmensa llanura árida.
Lo peor de todo es que los quince portadores de esencia que han venido conmigo parecen intuir algo, pero no tengo el valor de confirmarles nada. La única esperanza es continuar adelante, hacia donde se encontraba la gran cordillera y donde ahora solo se adivinan pequeñas colinas que poco a poco se van disolviendo en polvo.
Pero esa esperanza va acompañada de una duda que no me deja tranquilo. Me refiero al agente que provoca esta desertización y que convierte las montañas en piedra y las piedras en polvo. Me refiero a aquello que nos encontraremos en las colinas.
Si es que llegamos antes de que sean destruidas.

miércoles, junio 28, 2006

Hielo

Escogí veinte compañeros de viaje y adoptamos las fisonomía y la forma de vestir de los cazadores del norte. Invoqué a la luna de las tormentas para que levantara una fuerte ventiscas que nos ocultara a los ojos y oídos de nuestro enemigo con el fin de llegar al Valle de Thast, que supondría el lugar idóneo para establecer nuestra base dado que allí se encontraban las únicas fuentes termales de la zona y vegetación y caza eran relativamente abundantes..

Sin embargo durante nuestro camino pude ver, escondidos tras gruesos abrigos blancos de piel, varios pares de ojos rojos siguiendo nuestro camino. No se trataba de un rojo sanguíneo ni animal, mas bien se asemejaba en su brillo al de las luces que pude ver al ver fotografías de alguna de vuestras ciudades, lo cual no me daba ninguna tranquilidad, ya que en absoluto parecía que nuestro natural camuflase fuera obstáculo para esa vista eléctrica. Ni siquiera durante la noche pude sentirme a salvo de su vigilancia. Hasta que un día su vigilancia cesó. Pensé que era debido a que nos consideraron un grupo de cazadores de palmípedos de los que habitualmente recorrían la zona.

Me equivocaba.